Eduardo de La Barra es una céntrica arteria de la ciudad de La Serena donde gran parte del día su calle, que termina con avenida Pedro Pablo, hacia la costa, no descansa. Tampoco sus locales comerciales. Y mucho menos la peluquería “D’john Barber Shop, una vaina a otro nivel”.
Un día su dueños, ambos dominicanos, llegaron a La Serena de vacaciones para conocer sus atributos y bondades. Pero les encantó y decidieron quedarse. De eso ya cuatro años, aunque dos con esta peluquería que atiende de lunes a sábados y donde sus dueños ofrecen cortes "tribales" a los clientes: figuras hechas con el propio pelo -casi como si fueran tatuajes- y con formas de llamas, flechas, tentáculos y hasta nombres propios. Son delineados a pura máquina y navaja. Y son furor entre la juventud y los niños, principalmente. Sí, junto a otro dominicano y tres colombianos, realizan verdaderas obras de arte en la cabeza de sus extraños y exigentes clientes.
Jhon y Niki -matrimonio dueño de la peluquería- se embarcaron hasta el último lugar del mundo, luego de la cordillera, para cumplir con sus anhelos. Y no se quejan. Pues sólo tienen palabras de agradecimiento por lo bien que los han tratado. Si sólo los temblores los tienen tiritones. Nada más.
“Nunca hemos tenido discordia con nadie, sólo buena onda con la gente, porque tenemos muchas amistades que nos admiran por nuestro trabajo y porque somos alegres, ¿me entiende? De verdad que estamos muy felices acá, ya que nos gusta mucho. No gusta porque en otros países se ve mucho el tema de la discriminación. Acá muy poco, casi nada. En Argentina, por ejemplo, donde viví cuatro años, es mucho más. Sólo he tenido problemas con los temblores y el terremoto. Quedé frustrada, porque no estoy acostumbrada, pero mal… me asustó mucho. A los temblores ya me había acostumbrado, pero después del fuerte terremoto no, porque pienso que cuando tiembla llegará otro”, cuenta Niki.
Tras un respiro y sin perder su acento caribeño, agrega:
“Mi marido lleva cuatro años y yo tres. Uno llega a conocer y por ahí si le gusta y consigue trabajo, se queda. Veníamos de vacaciones prácticamente y como nos gustó, y conseguimos trabajo, nos quedamos. Mi marido era empleado de otra peluquería acá en La Serena y de ahí optó por poner su propia tienda y hasta el momento nos ha ido muy bien gracias a Dios, ya que tenemos buena clientela, tenemos buenos servicios”.
Pero también les ha ido en estos dos años, que ya están pensando poner otra tienda. Aunque igual se lo toman con tranquilidad.
“Más adelante estamos pensando poner otra, ya que se nos hizo chica. Más o menos estamos atendiendo unas cincuenta personas al día, de lunes a sábados, aunque existen días que son más flojos que otros, pero los fines de semana y lunes, por ejemplo, son buenos. En su mayoría atendemos a niños, jóvenes y también adultos. Cada corte demora como media hora, pero la ideal es que el cliente se vaya conforme”, finaliza Niki.
El corte estilo Vidal es uno de los más requeridos
Fuente: diarioeldia.cl