Hildegard Steffen: “Siempre estoy pensando en lo que viene”

Hildegard, leí por ahí que te declaras “iquiqueña de nacimiento, pero de opción valdiviana”, ¿eso significa que vives en Coquimbo por obligación?

(Risas) “No, me gusta harto Coquimbo y si tú ves, todos mis trabajos están relacionados con Coquimbo, solo hay uno hecho en Valdivia. Todo lo demás es preocupación sobre esta región”.

¿Cuáles son tus orígenes como cineasta?

“En la familia en general son peliculeros, pero yo comencé en 2003 por un taller ofrecido por la Municipalidad de La Serena y que impartió una profesional que venía de la Universidad ARCIS de Santiago. Ella nos pidió escribir un guion y después lo realizamos”.

¿Cuándo decidiste que tu aporte a la cultura sería hecha desde el cine?

“Me entusiasmé de inmediato con ese curso y gracias a que recibí recursos inesperados pude comprar una cámara de video. Y me puse a grabar en seguida a un grupo de teatro. El curso me llenó, fue como un golpe y sentí que era una pena haber estudiado Literatura y me dije que esto era lo mío. Fue algo muy natural”.

-Has sido guionista, productora, directora y también camarógrafo. ¿Por qué esta multifuncionalidad?

“Si uno no tiene dinero tiene que hacer de todo y así fue al principio para mí, aunque nunca trabajé como montajista. De acuerdo a las posibilidades económicas he trabajado a veces con equipos grandes y a veces con uno o dos profesionales más”.

¿Cuáles fueron tus primeros trabajos? Yo conozco “Voces Antes del Olvido”, pero hay algo antes.

“Lo primero fue la grabación a ese grupo de teatro que ensayó y actuó el “Lazarillo de Tormes”, fue un trabajo de casi una hora, para un novato era un exceso. Después empecé a ir a los pueblos cercanos y grabé en Algarrobito, en Altovalsol, la fiesta de Las Rojas. De todo eso tengo grabaciones, son trabajos armados, documentales”.

-Y “Voces Antes del Olvido” en el cual registras el desalojo y cierre del Mercado Municipal de Coquimbo, ¿marca alguna diferencia con los anteriores?

“Sí, porque lo pude realizar con dineros del Estado, recursos que gané en un concurso. Eso significó que teníamos un tiempo preciso para trabajar y pude contratar a Raquel Painean como sonidista. Fue un documental político, yo estaba en contra de que cerraran el Mercado y le creía a la gente que trabajaba ahí. Ellos no podían pagar de una vez los impuestos que no les habían cobrado durante cinco años, eso fue una jugada desleal. Al mercado le han ido sacando pedazos, lo que queda está cerrado, todo eso antes bullía de gente, allí trabajaban familias que se iban heredando los puestos. Ahora no hay nada”.

-Luego participaste en la película “Clasificados del domingo” que fue posible gracias a financiamiento público. Después de eso ¿hubo más fondos para el audiovisual regional? 

“Yo gané unos fondos para una serie de televisión, escribí dos guiones completos para una serie de 12 episodios que se llamó “Historias con nombre de mujer”, con la productora Mónica Miranda. Y también para otra serie, de seis episodios, que se llamaba “Investigaciones de carne y hueso”, acerca de una mujer detective”.

¿Esos episodios se realizaron como un producto audiovisual?

“No, la región no tendría esa capacidad para producirlos. Fue un trabajo perdido, podrían haberlos realizado uno por año, porque los episodios eran diferentes, pero no les fue bien con la postulación que siguió. Este es otro absurdo, que te otorguen algo y después no le den continuidad”.

¿Se podría rescatar algo de eso?

“En este momento todo eso es mío porque si no se realiza en dos años el guion vuelve a las manos del autor, eso es lo que yo sé. Ahora, yo sola no lo voy a lograr, como independiente es muy difícil”.

Posteriormente produces “Trazos de tren elquino” con el cual vuelves al rescate patrimonial…

“Es el documental que más ha gustado, es increíble la importancia que tiene el tren, los recuerdos que la gente tiene asociados. Cuando lo he mostrado el público empieza a contar sus historias, sus viajes, es muy lindo lo que pasa”.

Es el documental que más le ha gustado a la gente pero no el que más te ha gustado…

“No sé qué pasa con los demás, pero a mí me gusta generalmente el trabajo que estoy haciendo. Yo me olvido de lo que ya hice y siempre estoy pensando en lo que viene, me cuesta retroceder y por eso mismo me olvido de las fechas”.

A partir del año 2009 como H&H Producciones han impulsado el cine de ficción y documental en forma independiente. ¿Es posible esto?

“H&H es por Héctor Álvarez y yo. Mi equipo es Héctor –actor y director de teatro-, Diego Contreras (camarógrafo y montajista) y yo. Siempre postulamos en Coquimbo a fondos para el audiovisual. No se nos paga todo pero esos recursos son un aporte para que quienes trabajan gratis al menos no tengan que pagarse pasajes y tengan algún tipo de atención (té, café, jugos) durante las grabaciones y otras fases del trabajo. En lo personal, un tiempo me fui muy bien y luego me empezó a ir mal y ya después decidí no seguir postulando”.

Un trabajo tuyo sobre el cual no tengo mayor información es “Materia en suspensión” de 2009. Cuéntanos algo sobre esta película.

“Es una historia bien especial, sobre un tipo que mata a su mujer. Es un escritor cesante que está separado y por todas las exigencias de la mujer se empieza a atorar. Es un poco sartreano: el hombre está solo en el mundo, no hay nadie que te rescate, no existe dios… Hay gente que no entiende nada de esta película y otras personas la encuentran total”.

-Otro medio metraje tuyo de ficción es “En eso quedamos”. ¿Podrías contarnos de qué trata?

“Es una historia de dos jóvenes que vienen huyendo por separado y se encuentran en una casa por casualidad y ahí pasan diversas cosas”.

De esa época también es “Hacer años”, ¿de qué trata?

“Es un corto acerca de la ex cárcel de La Serena, son solo imágenes y muy pocas voces, no hay texto. Termina con los asesinatos de la “Caravana de la muerte” (octubre de 1973) en un sentido simbólico, de puertas que se van golpeando. Es más bien una obra de arte visual. Hace poco se proyectó en el Teatro Centenario (La Serena) en un ambiente increíble porque se iba a presentar “La danza la realidad” (de Jodorowsky) y sirvió de telonero. Yo digo que la gente se vio obligada a aplaudir y fue espectacular, había gente sentada en el piso, estuvo muy linda la proyección de ese corto”.

En “Mascar tinieblas” de 2013 tocas un tema social coyuntural: los suicidios de jóvenes en Tongoy. ¿Qué te llevó a tratar documentalmente esa temática?

“Porque no se podía pasar de largo, uno se impresiona demasiado cuando muere gente joven. Es una razón emocional, pero me guardé mucho tiempo, no fui inmediatamente a Tongoy cuando andaba todo el mundo filmando. Y eso no fue bueno porque ya no querían hablar, me costó harto. Ese documental obtuvo un premio en el Festival Internacional de Cine Documental de Coquimbo, Fedoc 2013, pero nunca me pagaron…”

¿Qué significado tuvo para ti esta premiación?

“Me alegré, pero fue muy difícil subir al escenario y no dije nada, me dieron ganas de llorar, estaba tremendamente impresionada. Este corto es importante porque estuve trabajando varios años en él y me demoré mucho en armarlo”.

Dices que no te dieron el premio, ¿era dinero?

“Eran 500 dólares y no me los dieron porque la Municipalidad de Coquimbo trabajó con un productor externo que se arrancó con la plata. Yo creo que el Municipio debería responder porque ellos lo contrataron. ¿Por qué no trabajaron con gente de la región? Lo digo porque me molesta”.

¿Pudiste exhibirlo en Tongoy?

“No, no me atrevería. La gente en Tongoy te ve grabando y te pregunta por qué. Ellos creen que eso (la divulgación de los suicidios) hundió a Tongoy, lo que no es cierto pero la gente se agarra a lo que puede. Yo lo entiendo, es razonable que quieran tener una respuesta para como está Tongoy hoy, el pueblo se ve muy triste”.

En 2013 realizaste el documental “Todo habla de Poesía”, obra centrada en la poesía de Tristán Altagracia. ¿Por qué Tristán?

“Porque es un homenaje a una persona importante en el ámbito cultural, al margen de que a uno le guste o no su poesía. Él cumplía una función cultural, siempre invitaba a actividades que organizaba, probablemente por sobrevivencia, pero las hacía. Poco antes de morir él trabajaba en un proyecto sobre las flores de Federica Matta. Tenía mucha energía y tuvo una importancia regional. Cada poeta es como una semilla que germina de diferentes maneras pero todos aportan a la totalidad y algunos tal vez reluzcan más o brillen mejor”.

¿Cómo fue la recepción de ese trabajo tuyo entre los poetas de la región?

“Buena, al menos a Álvaro Ruiz le gustó mucho y a otras personas también. A Graciela Ramos le encantó, le encontró hasta humor. El humor lo ponían los entrevistados. Me gustó esa experiencia y ahora estoy haciendo un documental con otros artistas, tengo a Álvaro Ruiz, a Mauricio Toro y a Bruno Tardito. Este es mi más reciente trabajo, ya estamos en fase de montaje. Se llama “Trastienda de la imagen” y espero estrenarlo en algunas semanas”.

¿Por qué ese título?

“Lo tomé de Ruiz, leyendo algo que él había escrito. Yo pienso que estamos en la trastienda, no en la tienda. Yo encuentro la trastienda mejor que la tienda porque es un espacio de libertad. La tienda es lo organizado, lo oficial; en la trastienda ocurren más cosas”.

-Tu más reciente película, «La Baba», se refiere al mundo de las tablas y es un homenaje a quienes trabajan en el medio teatral. ¿Cuál fue la motivación?

“Es un homenaje al cineasta (John) Cassavetes y su película Opening night (1977). Es la historia de un actor y un admirador. Éste muere y el actor queda destruido. En La baba, el actor lo representa Héctor Álvarez. Es una idea que siempre tuve presente, me gusta el tema. El personaje del actor se derrumba y no es capaz de volver al escenario hasta que se da cuenta de que alguien lo puede reemplazar. Me gustaría leer lo que Héctor dijo sobre La baba: ‘es un tratado sobre la vanidad y egocentrismo del artista que navega superflua o profundamente en las aguas de la creación y que es alterado por un fantasma siempre presente en su conciencia: la muerte’. Este es un tema que encuentro potente, lo grabamos completamente en el Teatro municipal de La Serena donde fue estrenado hace más de un año”.

Fuiste seleccionada a fines de 2014 para participar en talleres de apoyo al proceso de revisión y creación de guiones, y de asesoría posterior a los participantes. ¿Valió la pena ir a Ovalle?

“Creo que valía la pena, todo el mundo te enseña cosas pero no sé hasta qué punto nosotros podemos llevarlas a cabo. En lo personal me interesaba lo del guion. Yo envié y corregí mi guion varias veces y al final lo dejé porque estaba con otros trabajos pendientes. Había un concurso y la persona que ganaba sería acompañada hasta finalizar su proyecto pero nunca supe quién ganó. Asistimos unas 20 personas entre Atacama y Coquimbo, fue sorprendente porque uno no ve a tanta gente trabajando en el audiovisual. Había mucha gente joven con interés y estuvimos ahí trabajando en diversos talleres, me gustó escuchar las propuestas de guion de los compañeros, algunas muy interesantes. Me sirvió, fue muy positivo.”

 

RENUENTE A LOS CONCURSOS

••• ¿Participas a menudo en concursos o festivales? “No, en realidad no mando casi a concursos. No creo mucho en ellos. En el plano regional, quizás sí pero ya casi no hay. La última vez envié “Todo habla de poesía” a Puerto Varas y estaban las mismas películas que habían ganado en todas partes. Es imposible competir con películas que ya vienen con premios. Así no funciona y además están los premios para las escuelas cine, para motivar porque son un negocio. Si no me hubieran convencido no habría mandado nada, me convencieron y fue un error, es tiempo perdido. Yo hago las cosas porque me gusta, porque amo lo que hago. Y si tiene algún efecto en alguien me parece increíble y si no lo hay, continúo igual. Porque en hacer está más el placer que en recordarlo”.
 

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Fuente: diarioeldia.cl