No es fácil tener la determinación de viajar a los 19 años a cumplir sus sueños. Es lo que ocurrió con Manuel Martínez Silva, un joven que dejó todo y partió a Montreal, Canadá, para perfeccionarse en las artes circenses.
“Cuando salí del colegio audicioné en un circo, y en la escuela me dijeron que no estaba preparado. Pero eso me motivó, participé del circo chileno, fui a audiciones, conocí personas en Santiago y ahí decidí partir a Canadá, en la Escuela Nacional de Circo de Montreal.
Me formé durante un año y luego me recomendaron para irme a Bélgica”, cuenta con orgullo.
Su especialidad es la tela aérea, con la cual efectúa difíciles y arriesgadas maniobras. “Formé una compañía allá, que es conocida como el Circo Martillo, la que levanté junto a otros dos amigos, con espectáculos callejeros”.
De vuelta a La Serena, en los últimos días del año se presentó junto al Circo Kalendero, que Manuel califica como “su casa” en la ciudad de La Serena.

Sin embargo, sus intenciones en la capital regional sólo son compartir sus conocimientos adquiridos, ya que quiere retornar a tierras alejadas de Chile. También ofreció charlas, seminarios y cursos de danza y circo, como parte de esa “vuelta de mano”.
Riesgos
“Uno cuando decide ser esto, es para toda la vida y es mi medio de susbsistencia. Hay un riesgo asociado con mi cuerpo, pero eso debo cuidarlo en los descansos y la alimentación, como un deportista de alto rendimiento”, es la consigna principal en la vida de Manuel.
Es una vida de locura, y sabe que hay riesgos, pero casi nunca pone un colchón debajo, lo que es extremadamente peligroso.
Reconoce que las condiciones laborales para los artistas también lo son. Pero asume que si uno se mueve, puede lograr resultados y alcanzar una estabilidad. “Para lograrlo, hay que viajar, ser itinerante, porque yo soy mi propia compañía. Más para un extranjero, que no tiene visa de trabajo”, nos confiesa.
Manuel asumió ese riesgo, pero lo vive. Y lo vive con pasión.
Fuente: diarioeldia.cl