Los relatos en el epicentro del tsunami

 
El sector Baquedano fue el área más golpeada por el maremoto y las imágenes son simplemente devastadoras. Sin embargo, sus habitantes se han unido para levantarse y dejar atrás una de las peores catástrofes que les ha tocado enfrentar en los últimos años.

Sólo las máquinas que retiran los escombros interrumpen el silencio que envuelve a la población Baquedano en Coquimbo. El panorama es desolador. Por no decir aterrador. El mismo mar que observaban como una postal envidiable, la noche del miércoles 16 de septiembre de 2015 se transformó en el arma que arrasó con todo. El descontrol de las olas que habrían tenido una altura de hasta cinco metros fue total. Sepultó cosas materiales, vidas humanas, sueños, pero no el ánimo de salir adelante. Llegamos al que fue considerado la zona cero del tsunami en pleno desarrollo de las protestas de vecinos quienes cuestionaban la poca seguridad existente en el lugar y la lentitud de la entrega de ayuda.
En medio de todo el dolor y destrucción total, la primera imagen que encontramos fue la de un poblador de apellido Araya que en calle 10 de julio con Santa Ester buscaba darse valor e inyectarle optimismo a sus vecinos. Como podía escribía en el parabrisas de un colectivo ‘Fuerza Baquedano’. Con este gesto llamaba a dejar atrás el pasado y concentrarse en colaborar. Toda la vida ha vivido en este territorio. Confiesa que nunca había experimentado una catástrofe de estas características. “Uno ha visto esto en televisión y las redes sociales, pero ahora lo tuvimos que vivir nosotros, afortunadamente alcancé a arrancar y pasó lo que estamos viviendo”.
Admite que las consecuencias pudieron ser fatales. “Cuando venía la ola alcance a salir con mis niños, entró con fuerza, pero por la oscuridad no hallábamos que hacer, pero de inmediato pesqué un vehículo y nos fuimos y ahora aquí estoy”.
Cuando regresó al lugar minutos después el desastre era enorme. Simplemente no lo podía creer. Su casa estaba completamente destruida. “Perdí todo, sólo quedé con la ropa puesta, pero ahora la idea es salir adelante y tener fuerza”, relató.

RECUERDOS FAMILIARES

En otro punto de la población encontramos a una dueña de casa que tenía en sus manos la foto de sus familiares carabineros Leonilo y Claudio Saavedra. No pudo contener el llanto cuando se la pasaron al encontrarla en medio del barro. “Está todo destruido, cuando empezó el terremoto estábamos atendiendo el local (botillería), de inmediato arranqué con mi padre de 80 años y mis hermanos y cuando volvimos estaba todo destruido. Pero, gracias a Dios estamos con vida y ahora mi familia me está ayudando, lo mismo que algunos voluntarios a levantar mi casa”.
Alfredo Bugueño como puede logra recuperar entre los escombros los escasos muebles que quedaron en buenas condiciones. Mientras lo hace nos relata lo terrible que fue enfrentarse a la tragedia. “Cuando tenía 7 años la mar igualmente se salió, pero apenas llegó a este sector de Baquedano, pero ahora fue horrible”.
Confiesa que su hijo se salvó gracias a lo oportuno de los llamados a evacuar. “Gracias a Dios que ahora avisaron a tiempo, si bien perdimos todo, pero estamos vivo. Realmente es impactante observar las consecuencias”, asegura.

ACCIONES SOLIDARIAS

El objetivo de todos era ayudar. Es por ello que en el sector no sólo se encontraba a las autoridades de turno, sino que a los coquimbanos que buscaban colaborar. Con mascarilla y pala en mano encontramos al ex intendente Mario Burle, quien se había desplazado a la zona cero del tsunami a prestar su colaboración. “El coquimbano es una persona que ha sufrido con los embates de la naturaleza, pero al día siguiente se levanta con mucha energía. Es por ello que estamos acá ayudando y embarrado”.
Burle insiste que no es el momento de enjuiciar si fue o no error haber permitido construir en una zona que hace 100 años también fue azotada por un maremoto. “Es complicado opinar, pero hoy lo importante es que la gente ayude. Por ejemplo, ningún centro comercial abierto donde comprar una bebida o guantes que es lo que más se necesita. Pero, vamos a tener que levantarnos. El coquimbano es de fortaleza y hasta ahora la naturaleza nos ha querido ganar, pero seguimos luchando”.
Burle explica que lo más complejo es que en el sector de Baquedano no solo se perdieron viviendas, sino que también fuentes de trabajo. “Pequeños talleres, almacenes y está todo destruido”.
El ex entrenador de fútbol y hoy consejero regional, José Sulantay vive en el sector de calle Videla en Coquimbo. Es una zona segura, sin embargo, no pudo ocultar la impotencia que le provocó ver el drama de los vecinos de las poblaciones de Baquedano. “Es como repetir la fotografía del maremoto de 1922, esta es la desgracia más grande que pudo haber pasado. La destrucción de las olas es realmente grande, el tsunami fue lo que selló la desgracia más grande”.
Sulantay es de la idea que más que prohibir en zonas determinadas se debe buscar la fórmula para resguardar los sectores. “Por ejemplo en Holanda hay muros de contención porque son países que están más bajos que el mar, pero esto algo tiene que dejar como enseñanza, pero por ahora hay que ayudar”.
El trabajo en el sector Baquedano continua incesante y se estima que continuará por meses. Por ahora se intenta volver a la normalidad en un lugar que fue golpeado con fuerza.
 

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Fuente: diarioeldia.cl