Claudia Miranda no lo está pasando bien. Ni su hijo. Nadie de su familia. Porque acusan a un galeno de no querer atenderlos. Acusan humillación.
En el centro médico donde trabaja el doctor se defienden. Explican que la negativa fue porque ella comenzó a increparlos. Les manifestaba que se le hacía tarde y que tenía que trabajar. Que no podía seguir esperando. “Comienza a ser insolente en la sala de espera e, incluso, lo que me relató la secretaria, es que ella les decía que si siguen pasando más personas actuaría de manera más alterada”, cuenta Jenny Rojas, enferma y representante legal del CENTROPED (Centro de Traumatología y Ortopedia Pediátrica).
Claudia, molesta, dice que todo es mentira. Que todo es falso. Que solamente apuró a la secretaria porque su hijo sentía mucho dolor y porque llevaban un buen rato en la sala de espera, en el box, hasta donde los mandaron para esperar su turno.
El doctor, Patricio Sepúlveda, reconoce que se le negó la atención al menor, pero que fue por la forma en cómo su madre actuó. “Básicamente por el grado de agresividad que ella presentó en la sala de espera”, explica. Es más. Expone que se les dio una hora extra como favor, ya que no había horas para la atención del niño.
Sí, acusaciones de ambos lados. Todo en cuestión de minutos. Media hora como señaló el doctor, que fue el tiempo que estuvo esperando la afectada. Mucho más, indica una desesperada madre que sólo busca una disculpa por el mal rato que les hicieron pasar.
“Nunca me había sentido tan humillada”, relata.
Ambas partes detallan lo sucedido. Y ambos, claro, a su manera. Dan señales de que llegarán hasta la últimas consecuencias. Quieren que la verdad se sepa. Y ganar, claro.
Claudia y su hijo, tras el episodio, partieron raudos a Carabineros. Allá les dijeron que poco podían hacer. Sin embargo, ella quiso dejar constancia. Lo mismo que en el Sernac, “porque pagué por un servicio que no me entregaron. También fui al Sename donde les expliqué el caso y ellos me dijeron que me apoyarían, pues vulneraron los derechos del niño. La ayuda será a través de un abogado. Además, ya estoy en contacto con el Senadis (Servicio Nacional de la Discapacidad)”, señala.
Molestia
Seguramente ese día martes no lo olvidarán. Cuando todo parecía normal, recibieron una bofetada que no esperaban.
“Mi hijo sufrió una amputación hace tres años en su pierna izquierda. Hoy está en la Teletón y hace como 2 meses comenzó con un dolor muy fuerte en su muñón, que se fue intensificando hasta el mes de febrero, pero como la Teletón cierra en esta fecha, ya que están de vacaciones, me recomendaron un traumatólogo para que lo viera”, señala.
Así llegó hace dos semanas a la consulta del doctor Sepúlveda.
Hace una pausa. Le cuesta hablar. Mira a su hijo quien le responde enseguida, pero sólo con la vista. Intenta hablar. Ella lo hace primero.
“El doctor lo revisó y yo le expliqué que después de la operación salió con un trauma, con problemas psiquiátricos, pero que de todas maneras ha superado. Hoy está bien mi hijo”, ¿verdad?: “Sí, mamá”, responde Jorge sentado, pero ya incómodo por el paso de los minutos. Se nota intranquilo. Quizás por el dolor que siente por estar sentado.
La madre toma un respiro y continúa con el relato, que la verdad no la tiene muy contenta.
“Dijo que no podía operarlo, pero que tenía una máquina que le podía aliviar el dolor. Y con esta sesión nos dijo que podía estar bien. Pero, a los segundos, le dice: ‘en realidad no sé si te quiero atender’. Pensamos que estaba bromeando. Entonces le pregunté si iba a seguir con las sesiones -su prótesis la aguanta sólo tres horas y de ahí se tiene que acostar, ya que el dolor es mucho- y me dijo que sí. Me dijo que eran cinco y muy caras. Me conseguí la plata (cada sesión vale 60.000 y eran cinco) y nos dieron hora para el martes (9 de febrero) a la 10:00 horas, antes de que el doctor comenzara con la atención a los otros pacientes. Pero cuando llegamos ya había gente. El doctor se retrasó y cuando apareció hizo pasar a otro paciente y a nosotros, que estábamos de los primeros, nos mandaron a otra sala. Esperamos por mucho rato, pero seguía entrando gente y nosotros, seguíamos esperando. Esperamos un rato y le pregunté a la secretaria qué pasaba y me dijo que el doctor no se demoraría mucho, que tuviera paciencia. Le expliqué que hicieron pasar a otros pacientes que llegaron después. Que eso es una falta de respeto. Fue todo lo que le dije”, explica casi llorando.
La otra mejilla
También ofuscado se mostró el doctor Patricio Sepúlveda. No se explica cómo pudieron llegar a esto. Confiesa que actuó de buena manera. Que nunca tuvo intensión de hacer pasar un mal rato a la madre con su hijo. E insiste que no los atendió por la manera en que ella actuó en contra no sólo de la secretaria, sino que también de otras personas.
“Estaba siendo exigente, violenta. Pero está todo registrado en la ficha médica y tengo los teléfonos y los pacientes que se sintieron intimidados y que están dispuestos a colaborar y ser testigos. ¿Sabe? Habitualmente siempre nosotros tomamos una posición un poco a la defensiva, siempre tratando de no herir a nadie, porque sabemos que la gente viene con sus problemas. Y nosotros tuvimos que haber hecho la denuncia a Carabineros por agresión, aunque sabíamos que la paciente andaba con un gran dolor por el tema de su hijo. ¿Para qué tirarle un problema más? Así que preferimos colocar la otra mejilla y aguantarnos un poco. Sin embargo, acá la relación se hizo insostenible, puesto que estaba gritoneando a los demás pacientes y también a mí. Y obviamente hasta ahí llegó la relación médico-paciente, pues ya no será una relación de confianza”.
Sólo lo justo
Cuando recuerda el momento cambia su semblante. Habla con fuerza. No claudicará. Entiende que es una situación compleja, pero que está dispuesta a que todos lo sepan.
Manifiesta que nunca insultó a nadie. Que sólo apuró la situación porque pensaba que no era justo que atendieran a otros cuando ella había llegado a la hora solicitada. Y más cuando su hijo estaba con dolores. “Lo que hice, tras llevar varios minutos esperando, fue hablar con la secretaria y decirle qué era lo que pasaba, porque a las otras personas sí atendían y a nosotros no. Y me responde que el doctor no se demoraría mucho, que tuviera paciencia. Mi hijo ya estaba intranquilo. Pero eso fue todo lo que le dije. Nada más. Al rato sale el doctor y, pienso yo, algo debe haberle dicho la secretaria –seguramente que habíamos reclamado-, porque con prepotencia nos dice que es la segunda vez que teníamos problemas con él. Dijo que no nos atendería, que nos fuéramos. Yo le dije que había pagado la consulta. Y me respondió que no importaba, que se me devolvería la plata, pero que no atendería a mi hijo. Nos dijo que habíamos sido un problema. Quedé muy mal. Le dije que habíamos llegado a la hora, que llegó gente después de nosotros, que se atendieron primero que nosotros y que era una falta de respeto. Le dije lo mismo que a la secretaria. Sólo eso, nada más”, acusa.
Derechos iguales
En el centro médico argumentan que la culpa es exclusivamente de ella. Jenny Rojas, enfermera y representante legal, cuenta que la situación es compleja. Que al niño se le realizó un tratamiento gratuito. Un tratamiento probatorio para ver si disminuía el dolor.
“Tratamiento de alta complejidad. Con buenos resultados. Mientras que para la segunda sesión no teníamos hora, pero se le asigna un cupo para las 10:00 horas. Es más. A los pacientes que se le da un cupo extra siempre se les advierte que hay personas que estarán antes que ellos. No obstante, la paciente se comienza a incomodar, comienza a ser insolente y se le hace pasar al box donde se realiza el procedimiento. Entró y cerró la puerta de mala manera. El doctor luego le dice que con esta pérdida de confianza que hay entre la relación médico-paciente, preferiría no atenderla, que vuelva a su médico tratante y se le devolvió su dinero. Nosotros recibimos muchos pacientes que vienen con carga negativa, principalmente debido a la atención que han recibido anteriormente. Conocemos esto, pero cuando existe una rotura de la relación médico paciente, o cuando el paciente no nos respeta o nosotros no respetáramos los derechos de los pacientes, la confianza se pierde”.
Esa misma confianza, al parecer, perdió el doctor, como revela a través del teléfono.
“Ese días tuve algunos problemas y llegué unos minutos más tardes, por lo tanto comencé con la atención a los pacientes que habían pedido horas de mucho tiempo. Mientras que a la señora se le hizo pasar al box porque comenzó a reclamar y amenazó a los pacientes, de que sin entraban antes que ella iba a tomar cartas en el asunto. Cuando me desocupo me acerco y le digo que no podía atenderla porqué no es posible que esté tratando así a la gente. Fue ahí cuando me dice que trabaja y que tiene que ser vista mucho antes que los demás. Entonces le dijo que es imposible, pues todos los pacientes tienen los mismos derechos, porque hay gente que está esperando mucho antes”.
Fuente: diarioeldia.cl
