“Subir el Everest por su tercera cara sería un enorme desafío”

 
En su visita a La Serena, Rodrigo Jordan, quien fue invitado por la Universidad Central, contó que siempre hay cosas por hacer en el montañismo.

Es delgado y no muy alto. Pero su voz y sus movimientos transmiten calma y una serenidad que se refleja, seguramente, en su forma de escalar. Y seguro que lo es, por algo  Rodrigo Jordan (56) ha subido en dos oportunidades el monte Everest (8.848 metros), primero en 1992 y luego veinte años después, “con una generación de escaladores jóvenes, que también querían tener su oportunidad”, recuerda.

Pese a que hoy se dedica a la enseñanza, “porque soy profesor en Santiago -es ingeniero civil industrial- y también me llaman para realizar charlas en distintas partes, como la de hoy (ayer) en la Universidad Central, donde me invitaron porque inauguraban su programa de educación continua”, sigue haciendo lo que más le apasiona. Y no para. El montañismo es su vida. Su pasión, la misma que encontró a los 14 años cuando subió el Cerro San Cristóbal y no sintió vértigo. Ni una pizca. Porque es feliz en las cornisas; donde trepa y corre, al borde la fatalidad, por las cumbres más indomables del planeta.

“Sigo haciendo montañismo, lo que pasa es que muchas veces se hace otro tipo de cosas. Por ejemplo, en el mes de septiembre, fuimos a una expedición a una isla en el Atlántico Sur, una expedición mucho más difícil que el Everest, pero mucho menos llamativa”. 

– Yaaa, ¿más difícil que el Everest? Pero si la llaman la madre de todas las montañas…

“Es que existen expediciones mucho más complejas que subir el monte Everest, porque ya es conocido y uno sabe, aunque no por eso es menos fácil. Pero existen lugares en la Patagonia chilena, por ejemplo, en la Antártica, en lugares más remotos,  que son mucho más difíciles. Y es en el sentido de que estás totalmente aislado. Porque si estás en el Everest y tienes algún problema, está el helicóptero, un montón de ayuda externa, pero si te pierdes en la Patagonia o en los Campos de Hielo Sur, quién te saca. Entonces en ese sentido es mucho más delicado. Es más. La ruta normal al Everest se subió el año 1953 y ya para el año ochenta era una ruta muy habitual, muy conocida y se sigue subiendo hasta el día de hoy, pero no es tan exigente para el montañismo de alto rendimiento. Por eso es que nosotros el año 1992  no fuimos por esa ruta, porque ya no era la mayor exigencia en el montañismo de alto rendimiento, sino que la hicimos por la pared Este y que sólo hasta el día de hoy tiene tres ascensiones”.

-Y dos veces ya, ¿no será mucho?

“¿Sabes? Fuimos dos veces antes y fracasamos en esos intentos, en 1986 y 1989. Incluso en aquella oportunidad tuvimos que lamentar la muerte de una persona, así que tuvieron que pasar como diez años para volver a subir. También hicimos más expediciones, como al K2 (8.611 metros). Aunque otras expediciones chilenas también fueron a la cumbre del Everest después (2004), pero finalmente nosotros volvimos el 2012, veinte años después”.

– Sólo hay que tener las ganas para realizar tamaña expedición…

“Primero tienes que ser un deportista, hacer deporte regularmente. Y si estás haciendo montañismo, si quieres subir el Everest, tienes que tener una preparación regular de un año aproximadamente, por lo menos. Pero además del trabajo físico, que es importante, está el tema psicológico, que puede llegar a ser mucho más determinante, porque allá estás totalmente aislado. Te puedes quedar solo”.

– ¿Le falta algo más por hacer?

“Siempre hay cosas por hacer. De las cuatro montañas más altas del mundo ya hemos subido tres. Y nos falta el Kanchenjunga -se traduce como ‘Los cinco tesoros de las nieves’, ya que la montaña tiene cinco picos, cuatro de ellos por encima de los 8.450 metros-, que se ubica entre la India y Nepal. Eso también podría ser un desafío. Y el Everest es una pirámide y la hemos subido por dos de sus caras, entonces se podría subir por la tercera cara que falta, lo que también puede ser un extraordinario desafío. Es que siempre hay desafíos. Pero también existen retos no sólo en el extranjero, sino que también en Chile, como La Patagonia. Acá existen montañas mucho más bajas, de menos altitud, pero son extremadamente difíciles, El cerro Torre (3133 metros) y las Torres del Paine, por ejemplo”.

– ¿Tiene registro de cuántas cumbres ha escalado?

“Difícil pregunta. Pero en 2012, cuando se cumplían 20 años, hicimos una recopilación de las más importantes y se hicieron 13 documentales, de 13 expediciones distintas, donde sale Groenlandia, el Himalaya, La Patagonia… Yo comencé a los 14 años subiendo el Cerro San Cristóbal, puesto que vivía al pie. Y me gustaba, pero nunca pensé en seguir, sino que más bien se fue dando, con el tiempo y con cada ascenso. Porque después subí el Manquehue, después el Provincia, y así…Uno no parte pensando en que subirá el Everest, sino que se me ocurrió subirlo 15 años después”.

– Y cómo se ve el montañismo hoy en Chile, ¿fue clave usted en el progreso? ¿Tienen el apoyo que se necesita?

“Si uno mira la parte llena del vaso está muy bien, ya que mucha gente lo practica. Es que cuando partimos éramos muy pocos y hoy ya existen muchos grupos de montañistas en todas las regiones del país. Hoy existen clubes que hacen montaña y hace 20 años no había nada. Y si fuimos clave, no sé, puede ser. Pero también han ocurridos algunas cosas, como que el nivel económico en Chile ha mejorado y se tiene más tiempo, más disposición, hay más acceso, más equipos, lo que no ha había antes. No obstante, creo que falta institucionalidad, que existe poca promoción por parte del mundo deportivo, por el estado, que de todas maneras ha hecho el esfuerzo, pero más que nada con el senderismo, que es un paso para el montañismo. Pero  claro, si miramos el antes y el hoy, existe apoyo, claro que sí. Pero podría haber más”.

– ¿Qué el privado apoyara más, por ejemplo?

“El montañismo antes no era conocido ni en el mundo privado, situación que ha cambiado mucho, ya que hoy ayuda bastante, pues sale muy caro. Una expedición al Everest puede costar los 100 millones de pesos. Las expediciones privadas muchas veces la financia el privado, pero otras veces las financian auspiciadores y también se hacen con ayuda del Gobierno”.

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Fuente: diarioeldia.cl