"No he dejado de trabajar para la Iglesia"

 
Quien fue arzobispo de La Serena por más de 15 años admite que en la actualidad presta servicios en la cárcel de Huachalalume y también en la Casa de la Esperanza, mientras que en lo personal vive con una hermana en el sector La Higuera, frente a La Herradura en Coquimbo.

A pesar de acogerse a retiro hace más de un año ya, el exarzobispo de La Serena, Manuel Donoso Donoso, lleva días bastantes activos, especialmente en el trabajo que decidió realizar para cuando dejara sus funciones oficiales en la arquidiócesis de La Serena.
Por estos días, tal como lo tenía planificado, realiza un apoyo especial para los reos de Huachalalume, donde concurre dos veces por semana, ya que según reconoce fue su motivación sacerdotal cuando decidió ser cura: Atender personas.

“Estoy yendo a la cárcel martes y jueves, donde hay una organización muy bien hecha. En la cárcel hay dos mil personas, voy a dos pabellones porque no alcanzo a todos, converso con la gente, algunos me piden algunas cosas, consejos, pero lo más importante es que ellos se sientan como personas a quienes los visita alguien”, dice.

Cuenta que en un comienzo ingresaba portando su gran cruz de plata, que llevan los arzobispos, pero algunos reclusos le hicieron la salvedad de que se trataba de una joya de plata y algunos reos comentaron que los arzobispos portaban joyas, por lo que optó por asistir con otro tipo de ornamentos, que llamen menos la atención.

Dice que el Papa Francisco ha insistido en que “todos estos lujos vaticanos y todas estas cosas hay que irlas acabando”.

El otro lugar en donde está asistiendo monseñor Donoso es en la Casa de la Esperanza, donde hay personas con problemas de droga o alcoholismo. Pero no sólo eso, también ha estado haciendo clases de confirmación en la Universidad Católica y los días domingo hace misa cuando se lo piden.

Reconoce que a sus 79 años siente algo de cansancio, además de que tuvo una intervención al corazón. “Ya no puedo hacer las cosas que hacía antes, pero quiero ir a Andacollo (Fiesta Grande), quiero estar los dos días allá, especialmente para las confesiones, lo demás lo hace el arzobispo”.

Cuenta que hay varios grupos que visitan el recinto penitenciario, él visita los módulos 61 y 62 y un par de visitas más. “Todos los meses hay una misa, es los días sábado a las dos de la tarde. En esa misa, lo que hacemos nosotros es recoger a las personas que tienen inquietudes, algunos se han bautizado, han hecho primera comunión, confirmación, confesiones”.

Donoso relata a que a los reclusos a las cinco de la tarde los encierran, hasta las nueve de la mañana del otro día, realidad que califica como “terrible cosa”.

Sobre las consultas que recibe indica que algunas son más religiosas que otras, pero cree que hay un porcentaje importante de reclusos que la cárcel los va haciendo cambiar. Por eso, señala que en algunos casos, si se lo piden, visita a sus familias, porque hay algunas que están separadas de ellos y otras muy cercanas.

Explica que al interior del recinto hay un liceo, lo que califica como “lo mejor que puede haber, he conocido gente que está desde la básica y otra que está terminando el cuarto medio”.

Trabajo con los reos

Consultado por qué un arzobispo de La Serena decide iniciar un trabajo con los reos tras jubilarse, monseñor Donoso señala que lo primero es porque se trata de un trabajo de Iglesia y “yo no he dejado de trabajar para la Iglesia y porque son personas. Además, Jesús dijo estuve en la cárcel y me visitaste, y el chinito que le va a preguntar, ‘cuándo te conocí’. Todo lo que tú hiciste por el más pequeño de mis hermanos me lo hiciste a mí. Entonces hay una motivación religiosa y me siento plenamente en mi vocación. Me toca ser un testigo de la Iglesia”, resalta.

Al señalarle qué es lo que más le preguntan en la cárcel, dice que debe ser discreto, pero al principio los saludó a todos, porque se preguntaban qué hacía un arzobispo ahí, pero él va a servirlos en lo que necesiten, porque hay muchos que necesitan ánimo.

Afirma que nunca ha sentido algún grado de temor y detalla que en los módulos que visita son tranquilos. Además, que nunca ingresa solo, siempre lo hace con al diácono de la cárcel, que en la práctica es su jefe, por lo que nunca ingresa sin su autorización.

Referente a la vida personal que lleva en su casa, en el sector de La Higuera, en Coquimbo, cuenta que reside hace seis años en ese sector con su hermana y que tiene buenos vecinos.

Como tiene más tiempo, se dedica a la lectura, especialmente relacionadas con la Iglesia o con las cuestiones de El Vaticano que dice han sido fuertes, pero reales “En la Iglesia había algo podrido y hay que sacarlo, tal como entre los 12 apóstoles había uno que estaba en contra”.

También este año se ha dedicado a hacer clases en la Universidad Católica del Norte, indicando que han sido muy agradables, reconociendo que el sacramento que menos se practica es la confesión.

Caso Karadima

Le planteamos a monseñor Donoso que así como se dedica a leer más debe estar bien al tanto de casos como el karadima, quien a pesar de todas las pruebas que se han presentado en su contra, insiste en su inocencia. Sobre esto es claro Donoso y señala que él se guía por un pensamiento del Papa Benedicto XVI “que cuando pasó el caso Masiel dijo esto a mí me deja desconcertado, porque es un hombre absolutamente doble, con un doblez que seguramente tiene una falla psicológica, pero doble, doble, doble. Yo creo que Karadima tiene eso. Por lo tanto, hubo gente que se apegaba a él. Era un hombre que enseñaba muy poquitas cosas, pero muy a fondo, como la devoción a la Virgen, al rosario, a Jesucristo y hubo gente que recibió de él eso. Tenía esto otro que no era conocido, yo como sacerdote en Santiago no sabía eso. Una vez que se supo, yo digo que hay que llegar hasta el fondo de la verdad y me alegro que haya estas personas que fueron sus víctimas, que han seguido luchando. Aquí la verdad está ante todo. Lo que dice Jesús para los pedófilos es terrible, al que le hace daño a un niño más le valiera que le pongan una piedra al cuello y que lo tiren al mar. Es decir, Jesús considera que eso es malísimo”.

En esta coyuntura, al señalarle si él tenía antecedentes sobre los actos cometidos por monseñor Cox, antes de que lo sacaran de la iglesia de La Serena, señala que sí. “Algunos que me dijeron. No solo había un problema moral que él tenía, sino que un problema pastoral muy grande, porque esto había ido provocando una división muy grande y de eso yo me di cuenta aquí, porque nadie se había dado cuenta y me costó mucho los primeros años, pero con lo que yo supe inmediatamente intervine con quien había sido víctima. Yo sé que había personas cristianas que ayudaban a esas personas y también ayudé a que él saliera de acá. Lo hice en la forma más normal posible, porque también da pena una persona así que hizo cosas buenas, como la Casa de la Esperanza que fue una idea de él y la Madre Paulina, que la fundaron antes que yo llegara. Y después él se ha desentendido de ello y han quedado problemas, hay gente que queda problematizada y es duro”, apunta.

Al requerirle si las denuncias que recibió contra monseñor Cox las canalizó a través de la Iglesia, a sus jerárquicos, señala que sí. “Por supuesto. Por ejemplo acá hay un sacerdote que está suspendido para siempre. Hubo un juicio, lo mandé al Vaticano y el Vaticano está durísimo en eso. Hubo algunos que fueron confusos, pero lo que yo hice por lo menos con los casos que conozco es que a esas personas había que retirarlas del servicio. Son personas enfermas y si uno tiene una enfermedad hay que retirarlas, o si logro que sanen, pero no los pedófilos, otros pueden sanar. Hay lugares de la Iglesia, que son muy discretos que se usan para que vayan allí, con un equipo de psiquiatras y de todo, algunos sanan”, pero insiste en que no los pedófilos.

Los días en dictadura

Como a monseñor Donoso le tocó vivir la dictadura en una población de Santiago e incluso fue víctima de apremios ilegítimos, le solicitamos que se refiriera a las declaraciones que realizó un exconscripto al programa radial de El Rumpy, donde reconoció haber asesinado a personas, Manuel Donoso señaló que “veo que el país está atrasado, porque en otros países se ha actuado mejor, porque ya han salido de todas estas cosas. Me tocó conocer muchas en Santiago y me tocó también vivirlas y usted me menciona eso y me vuelven todas las imágenes de hace 40 años. Yo era párroco en ese tiempo y tratamos de defender gente, ya que la justicia no los defendía, la Corte Suprema no decía nada y eso el Cardenal Silva (Raúl Silva Henríquez), lo fue organizando de una forma muy buena. Yo estuve desde los primeros días, donde no se sabía qué hacer, pero al lado de mi parroquia casi todos los días aparecían cadáveres. Después está el punto de tratar de atender a las personas que han sufrido esto y yo les creo, porque tengo (sé) demasiadas cosas. También me han tocado cosas de personas que tienen problemas de conciencia, que estuvieron al otro lado, que es muy complicado para ellos, les cuesta mucho, pero frente a esas personas uno tiene que aplicarles la misericordia de Dios”.

Por último, al indicarle si le ha tocado confesar a personas involucradas en derechos humanos, fue tajante “esa pregunta no la puedo responder, porque el sacramento de confesión es absoluto, yo no puedo. Yo no puedo decir que conozco que hubo torturas en Chile, porque se han confesado, eso no lo debe decir ningún sacerdote. Uno lo dijo y ya está fuera del sacerdocio. Pero también hay gente que se ha arrepentido, hay gente que fue obligada malamente, porque las amenazas para ellos era muy grande. Hay cosas que Dios comprenderá, pero lo que uno debe tratar es que la gente lo diga para que esto se desenrede, porque de lo contrario van a quedar estas cosas en Chile por muchos años y hace mal eso, son semillas malas que están pudriendo algo. Yo los compadezco, sobre todo a los que eran jóvenes, que no hallaban qué hacer, que obedecían”. 

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Fuente: diarioeldia.cl