Para no olvidar: El ascenso verde a exactos 40 años

 
Un día como hoy, 9 de noviembre, pero de 1975 Deportes Ovalle logró ascender a la Primera División del fútbol chileno y sus protagonistas recuerdan la última fecha de aquel campeonato ante Deportes Linares disputada en el extinto Estadio Ferroviarios

Por Rodolfo Pizarro

“Adiós, Ovalle, aunque todo en ella sea aún un canto a la meta alcanzada de llegar a Primera. Estamos recién en noviembre, y sin embargo ya todos hablan del próximo año”.

De esta forma se despide la crónica escrita por Eduardo Bruna sobre el mayor logro que Deportes Ovalle ha escrito a lo largo de sus 53 años de vida, el ascenso a la división de honor del fútbol chileno.

Bruna fue el enviado especial de le revista deportiva más importante de la época –la Estadio- para cubrir la última fecha del campeonato de 1975 cuando los verdes de Limarí enfrentaron a Deportes Linares en el extinto Estadio Ferroviarios (hoy convertido en la feria mayorista) y retrató fielmente los momentos gloriosos de la gesta.

Aquella última jornada (30° del campeonato de Segunda División, hoy Primera B) Ovalle se enfrentó al equipo de la zona central del país un día como hoy, pero de 1975.

Eran otros tiempos, otro estadio, otros futbolistas, incluso varios apuntan que era otro club, una institución arraigada en la gente e identificada con el ovallino común y silvestre. Y como hecho histórico fue un equipo distinto al resto, donde la conjunción entre orden directivo, económico y sobretodo calidad futbolística, fueron factores para coronar el primer y único ascenso del club.

Como se dio a conocer semanas antes a través de este medio en un Reportaje a los 40 años de la gesta verde, Deportes Ovalle venía de formar un gran equipo para soñar en grande. Ese anhelo se quiso forjar en 1974, cuando la dirigencia del club dio el golpe en el mercado del fútbol nacional. Contrataron al entrenador Luis Santibáñez, quien venía precedido de ascender a primera con San Felipe en 1971 y al año siguiente gritó campeón en la división de honor.

A pesar de las grandes actuaciones, el equipo no llenó las expectativas y permaneció un año más en la categoría. Santibáñez se fue de la ciudad y llegó Guillermo ‘el Yemo’ Díaz a dirigir la banca ovallina. Formó un grupo compuesto por los suplentes de equipos como Universidad Católica y una base local. Un equipo con sed de revancha.

El diario La Provincia destacó al día siguiente en portada la obtención del ascenso de los verdes de Limarí.

Comenzó el campeonato

Las victorias en Copa Chile acrecentaron la confianza en los jugadores. Comenzó el campeonato con el pie derecho ante Ferroviarios al que vencieron por 2-0 con anotaciones del goleador FeridHatibovic y Rubén Gómez de penal. Recién en la 11° fecha del torneo, Deportes Ovalle registró su primera caída. Aquella fue en Chillán ante Ñublense por 1-2.

El plantel se dio cuenta de que podían lograr la hazaña cuando enfrentaron en Linares al equipo que batieron en la 30° fecha.

Uno de los hinchas que mantiene una memoria imborrable es Manuel Zavala. El otrora atleta llegó en 1974 a la ciudad proveniente de Vallenar e inmediatamente se convirtió en seguidor del club. Como velocista, Zavala entrenaba en las dependencias del estadio municipal, recinto que también ocupaba el plantel de Ovalle. Fue en esas circunstancias que conoció a los futbolistas, en particular al arquero Héctor Jiménez, quienes forjaron una amistad que se mantiene en el tiempo.

“El mismo 1974 empecé a competir por Ovalle en básquetbol y atletismo y altiro tomé la bandera de lucha por la ciudad. Con el transcurso de esos años me hice muy amigo de Héctor Jiménez y hasta este mismo minuto nos llamamos para las fiestas importantes, eso sí hace mucho tiempo que no nos vemos y ahora esperamos encontrarnos porque nos une una gran amistad”, recuerda el ahora profesor de atletismo.

Un equipo que llamaba la atención de los ovallinos y que el entonces presidente de la comisión de fútbol del club, Gustavo Huerta padre reflejaba.

“Alfonso Artigues me eligió como presidente de la comisión de fútbol y así que no tuve problemas. En ese ese tiempo se trabajaba harto, nunca nos atrasamos en los sueldos. Don Hugo Alfaro, quien falleció, me decía ‘Gustavo, hoy se pagan los sueldos’ así que los muchachos iban a cobrar y no había problema. Se hacían bailes en La Económica y todos cooperaban. Hasta el número de la rifa se vendían”, recuerda mientras atiende su popular botillería ubicada en la Alameda de Ovalle.

“Ese proceso fue muy hermoso, porque toda la ciudad giraba en torno al club y a medida que fueron pasando las fechas el equipo comenzó a encaramarse en los lugares preferenciales, entonces el público se volcó al estadio”, cuenta Zavala.

En la recta final de ese campeonato, Universidad Católica subió a la división de honor en anticipadas cuatro jornadas y quedaría dilucidar quién lo acompañaría. San Luis se quedaría en el camino y la lucha estaba entre Ñublense de Chillán y Deportes Ovalle.

Fue así como a la penúltima fecha los verdes de Limarí consiguieron un agónico empate 0-0 ante Iberia en Los Ángeles. De acuerdo a la combinación de resultados, Deportes Ovalle debía ganar en la última jornada a Linares para asegurar su ascenso a Primera División.

Ese histórico 9 de noviembre la gente se dirigió en masa tanto al estadio Ferroviarios como a los sectores aledaños del recinto. Nadie se perdería un encuentro que marcaría el futuro de los verdes.

“Estaba lleno el Estadio Ferroviarios, habían hartas graderías, mucho entusiasmo, era la primera vez que un equipo de Ovalle llegaba a esa instancia. En ese tiempo había más gente en el cerro que en el estadio (ríe), pero ese día el estadio se llenó y la parte de arriba, cuando uno llega desde Coquimbo. La parte que daba hacia la ciudad de Ovalle estaban ahí instalados los camiones”, rememora Gallardo.

Mientras Zavala cuenta que “yo fui al estadio ese día y la gente se ubicaba en el cerro para verlo, lo veía en directo y gratis. Como todas las finales, mucha gente que no estaba vinculada al fútbol también vibró, todo el mundo estaba con Deportes Ovalle. Después en la celebración fue muy hermoso”.

Gustavo Huerta padre fue presidente de la comisión de fútbol de Deportes Ovalle en la década del ’70 y recuerda la gesta observando El Ovallino.

El pitazo inicial

A las 16.00 horas el árbitro Ricardo Keller daba por iniciado los 90 minutos que cambiarían la historia de Deportes Ovalle. El conjunto dirigido por Guillermo Díaz comenzó el partido con nerviosismo. Claro, si jugaban el partido más importante del campeonato. Esas ansias se reflejaron en el juego, ya que no lograban controlar el balón como estaban acostumbrados.

Aquel inolvidable 9 de noviembre de 1975, el entrenador Guillermo Díaz alineó a sus mejores hombres. En el arco mandaba Héctor Jiménez; Raúl Quiroz, el capitán Adolfo Cortés, William Roldán y Alfonso Rodríguez en defensa; Luis Bustamante, Gabriel Gallardo y Rubén Gómez en el mediocampo; para dejar en punta a Horacio Astudillo, FeridHatibovic y Víctor Tapia.

“Al principio entramos con un poco de nerviosismo, porque uno siente la presión y con un equipo como Linares que venía en la medianía de la tabla, que no tenía nada que perder. Nos hizo un partido bien apretado”, dice Gallardo.

Sin embargo, esas sensaciones las apagó inmediatamente Horacio ‘el Negro’ Astudillo. El delantero marcó los dos goles con que Ovalle se iría al descanso y provocó un profundo respiro en los hinchas, quienes veían más cercana la posibilidad del ascenso.

“El goleador era FeridHatibovic, era la esperanza de gol y para esa final no pudo marcar. El ‘chico Tuntún’ quien jugaba de ‘10’ y jugó como lateral derecho. Rubén Gómez sobresalió con su técnica y pierna zurda. Gabriel Gallardo fue el encargado de los tiros libres y el arquero Jiménez era prenda de garantía, porque aparte de tener un cuerpo atlético, tenía buenas reacciones, seguro. Sin embargo, se destaca al plantel en general por su orden y esquema de juego. Fue un equipo completo”, hace memoria Nelson Gallardo, actual reportero de Radio Comunicativa y quien con solo 12 años asistió a la fecha final.

En el segundo tiempo Linares se fue con todo en busca del descuento a la portería defendida por Jiménez. Y así lo conseguiría. Los minutos finales fueron de infarto. Linares continuó su lucha por el empate, pero la hinchada ovallina alentaba desde las gradas –y desde el cerro- a los jugadores para que aguantaran hasta el final del partido. Mientras los hombres en punta ponían la cuota de buen fútbol, en el arco el golero Jiménez era prenda de seguridad.

“Héctor Jiménez era una persona muy segura, era canchero. Él sabía que iban a ganar, pero lo más memorable fue el último partido con dos goles de Astudillo. Eso fue lo más memorable y que la gente no se olvida nunca más”, asegura Zavala, quien agrega que “en un momento uno quería que terminara el partido lo antes posible y la mayoría de los hinchas de Deportes Ovalle sabían que iban a subir, estaban convencidos de eso y no iban a dejar pasar esa oportunidad. No estaba ni en carpeta el hecho de perder ese partido”.

 

Foto del recuerdo. Para la última fecha contra Linares, fue tal la cantidad de hinchas que no se querían perder la definición que observaron el partido arriba de los camiones.

Los festejos

Con esa seguridad de llevarse el partido, y en consecuencia el ascenso, fue que Keller alzó sus brazos y decretó el fin del partido. Ovalle logró el anhelado ascenso a la Primera División y el público ingresó al campo de juego a abrazar a los jugadores. La felicidad desbordaba el Estadio Ferroviarios.

“Llega el pitazo final y ahí comienza el carnaval. La gente entró a la cancha, todos querían estar con los jugadores, se sacaban fotos y fue una fiesta, nunca se había visto esa euforia y fanatismo”, acota Nelson Gallardo.

La champaña fue la protagonista, todos se bañaron en ella y otros comenzaron a pagar las apuestas.

“Hatibovic se rapó el pelo, Víctor Harcha se bañó en champaña, todos estaban locos, sacando pasto y la familia ‘Miranda’ estuvo viendo el partido. Teniendo 12 años de edad aún recuerdo los detalles y lo que pasó ese domingo 9 de noviembre”, agrega Gallardo.

Para el profesor Zavala, el rendimiento físico se debió al trabajo del preparador Henry Alvarado.

“Ese equipo corría como ninguno, esa era una de las fortalezas que tenía ese equipo y ese fue el trabajo de Henry Alvarado. Era un joven profesor de educación física de la U. Católica del Norte, oriundo de Ovalle que llegó a hacer clases al Liceo A-9 y nadie se acuerda de él. Ahora se habla mucho del preparador físico, incluso cuando se empiezan a lesionar los jugadores lo cambian porque no está cumpliendo su rol. En esa campaña tuvimos a un joven profesional quien tuvo a todos los jugadores sin lesiones y llevó al equipo de la mejor forma a la final. Por eso quiero rendirle un homenaje a Henry Alvarado, que a pesar que fue el preparador físico del equipo que consiguió el logro más importante, nunca más se acordaron de él, ni para volverlo a contratar ni tampoco en los homenajes”, relata.

“En la calle la tocadera de bocinas, el comercio también estaba vuelto loco. Después se hizo una comida en el club de huasos el mismo día de ese partido. Como que la tenían preparada, nos tenían harta fe a nosotros (ríe). Después anduvimos celebrando como una semana (sigue riendo)”, recuerda el volante Gallardo. La celebración fue ‘a todo trapo’ en el casino de la Medialuna de Ovalle.

“Los jugadores eran estrellas en primer lugar, ellos andaban en la calle y eran las estrellas, todos los conocían, todos sabían quiénes eran, eran ídolos”, acota Zavala.

De aquel plantel de Deportes Ovalle fallecieron Raúl ‘Tuntún’ Quiroz, Alfonso ‘Pocho’ Rodríguez y el artillero FeridHatibovic. El resto vive repartido en Ovalle, Coquimbo, Santiago y otras ciudades del país, esperando que no se olviden de la hazaña, aquella que tiñó de verde un gran trozo de la historia del club que a exactos 40 años esperan que nadie olvide la campaña de 1975.  

Fuente: diarioeldia.cl