La Escuela José Agustín Alfaro, precursora de la educación poblacional

 
Con 50 años, colegio de Tierras Blancas se ha convertido en un eslabón clave en la historia del populoso sector de Coquimbo. Cuando recién comenzaba a poblarse, este recinto acogió a los cientos de menores que requerían educación.

La escuela José Agustín Alfaro es todo un emblema en el sector de Tierras Blancas. De hecho, hay quienes plantean que conociendo su historia también se puede interpretar el surgimiento de este sector poblacional a principios de la década del ’60.
El 24 de abril cumplirá 50 años y la comunidad educativa prepara un acto donde se recordarán sus primeros pasos y sobre todo la importancia que tuvo para las familias del lugar. El surgimiento fue a pulso. De acuerdo a los registros históricos una institución clave en su puesta en marcha fue el club deportivo Unión Tierras Blancas. En su sede se impartieron sus primeras clases. El nuevo establecimiento no tenía nada. Hildo Pinilla, quien escribió un libro sobre esta naciente población, recuerda que el primer mobiliario fue facilitado por la antigua Escuela Granja que se ubicaba en el paradero 10 de La Pampa (hoy José Miguel Carrera). Además, el autor sostiene que las bancas y mesas fueron confeccionadas artesanalmente por los socios de esta agrupación.
En el capítulo referido a la escuela se evidencia con fuerza la necesidad de que el sector pudiera contar con un colegio. El territorio se estaba poblando y urgía satisfacer la necesidad educacional de los hijos de las familias.
Pinilla sostiene que el sector de autoconstrucción de Tierras Blancas tiene claro el aporte que en su momento tuvo el colegio. “Toda esa gente, de la primera etapa de la población, se educó en esta escuela”.
Fue impulsada en el Gobierno de Eduardo Frei Montalva y abrió sus puertas oficialmente el 24 de mayo de 1965 bajo la denominación de Escuela Mixta de Segunda Clase Rural Nº 31. Su primer director fue el docente José Agustín Alfaro. El primer año la matrícula fue de 202 niñas y 182 niños en cinco niveles. Junto con el aporte del club deportivo, también fue importante el respaldo del Regimiento Número 21 Arica luego que construyeron las primeras seis salas de emergencia.
A fines de 1973 asume la dirección Sergio Guerrero Castro, quien le otorga un nuevo impulso. De escuela 31 pasa a llamarse D-110 y en 1985 se construyó uno de los últimos pabellones.
El 2006, un área del establecimiento enfrenta una remodelación importante y se construyen diez salas, un laboratorio de ciencias, sala de profesores y oficinas, reemplazando a una estructura antigua y deteriorada.

TESTIGO PRIVILEGIADO

Laura Pizarro integró el primer grupo de profesores. Llegó el 24 de mayo de 1965 y partió en las salas del club deportivo. “Ahí empezamos, era puro adobe y con piso de tierra”.
Había mística. Aún recuerda sus primeras semanas. “En los dos primeros días efectuamos un censo puerta a puerta para poder recolectar alumnos”. La escuela hizo historia. Gran parte de los habitantes del sector pasaron por sus aulas. Es por ello que a un porcentaje importante de quienes llegan a trabajar al recinto la docente les hizo clases.
Se desempeñó por 34 años hasta que se acogió a jubilación. “Esta era mi segunda casa y mi segundo hogar. Era mi familia, mi escuela, mis alumnos y los apoderados”.
Incluso, sus cuatro hijos estudiaron en este recinto.
Coincide en la importancia que el surgimiento de la escuela tuvo para el sector. “Hacía falta, incluso, había quienes no sabían leer y los tomábamos por nuestra cuenta (adultos) y también les enseñábamos, porque cada vez llegaba más y más gente”.
Vive en Tierras Blancas desde 1965 y asegura que nunca se cambiaría. “No me voy por nada del mundo, acá tengo más de 50 años”.
Paralelamente destaca el avance que ha experimentado el establecimiento. “Este es un verdadero castillo, porque hay de todo. No teníamos nada. Cuando llegamos no había mesa, sillas, salas, nada. Nosotros hicimos pozos sépticos y la comida que enviaba la Junaeb se hacía en la cocina del Unión Tierras Blancas y lavábamos los platos en unos tambores y traíamos aguas en balde de un pilón que había afuera”.
Confiesa que aún tiene grabado el sueño que poseía Alfaro con su colegio. “Tener una escuela con bastantes salas, con comodidades para los alumnos y los colegas. Que hubiese una sala para hacer reuniones con los apoderados, él lo único que deseaba era ver su escuela como una escuela verdadera… Los niños eran muy pobres, pero gente muy buena”.

CONOCIMIENTO CONCRETO

Sergio Leyton Pastén lleva cinco años como director de la escuela. La conoce de cerca. Esto porque su enseñanza básica la efectuó en este mismo recinto. “Fue la primera escuela. Empezó cuando en Tierras Blancas había 300 personas y hoy son 80 mil. Llegó a tener casi 2.000 alumnos, tenía 42 cursos. Todo el mundo estudió acá. Hace 50 años”.
Destaca que el buen ambiente que se generó en los inicios de la escuela llevó a que los profesores fundadores se sigan reuniendo.
“Cuatro de ellos están vivos y tenemos contactos y reuniones”.
Admite estar expectante por el futuro del colegio y los desafíos que enfrentará. “Vienen nuevos recursos y estamos preparando proyectos a cuatro años plazo. Estamos actualizando el proyecto educativo de la escuela y todo está orientado a entregar una educación de mejor calidad y eso implicará nuevos proyectos. Implementar más tecnología y mejorar la infraestructura”.
Su sello está en potenciar las áreas que el recinto ha venido desarrollando en el último tiempo y ligadas al fomento del deporte, “y una escuela preocupada del medioambiente y de la ciencia. Cada cosa y asignatura es importante. Tenemos matemáticas, donde reforzamos cálculo; lenguaje y distintos programas, por ejemplo, lectura diaria. En el caso de la ciencia, todos los niños van al laboratorio. Todo tiene una relevancia. La multicancha es una sala abierta. Otro espacio educativo es la sala de computación, de audio”.
Armando Tejada también está entre los funcionarios más antiguos del colegio. Llegó en 1979 impartiendo clases de matemáticas y actualmente se desempeña como inspector general del establecimiento. Cumplió 36 años de labor. Igualmente conoce desde cerca el desarrollo de la escuela. Concuerda en que se creó por la necesidad de la gente que vivía en el sector.
Fue testigo no sólo del surgimiento de la escuela, sino que también del sector. Vivía en Tierras Blancas desde 1963, “por lo que pasaba por este lugar y siempre pensé que podía realizarse el colegio”.
Enfatiza que por el volumen de alumnos, la escuela ha permitido propiciar la creación de dos nuevos colegios, el Santo Tomás de Aquino y la escuela Italia. “En esa época se trabajaba en tres jornadas y eran casi tres mil alumnos por lo que en su momento se dividió. O sea, esta escuela ha tenido dos hijos”, confiesa con orgullo.
Pese al crecimiento del sector y al aumento de los colegios, los habitantes de Tierras Blancas tienen un sentimiento especial por el colegio.
Carmen Astudillo lleva 28 años viviendo en la población y dos hijos han estudiado en el recinto. “Es un orgullo, porque es el primer colegio que tuvo Tierras Blancas y eso como apoderada se reconoce”. 

EL EMPUJE DEL FORJADOR

••• Si la entidad deportiva fue clave, también ocupó un papel preponderante el profesor José Agustín Alfaro. Incluso se transformó en su primer director. Quienes le conocieron destacan sus cualidades de servidor público y sobre todo su interés por entregar herramientas educacionales a quienes no las tenían. Es por ello que Alfaro se había obsesionado por sacar adelante el establecimiento.
“Él nos dio el empuje para ser profesores. Nosotras estábamos recién salidas de la Escuela Normal”, recuerda la profesora Laura Pizarro.
Habían coincidido en la propia Escuela Normal donde Alfaro había sido portero. “Este señor fue una persona que se hizo a sí misma. Trabajaba en el día y estudiaba en la noche. Después ingresó a los cursos profesionales de la Escuela Normal y no podía asistir porque debía estar en su puesto y los compañeros le prestaban los cuadernos y lo instaban a estudiar y así se recibió de profesor y después pasó a ser nuestro colega”.
Por mucho tiempo trabajó en la Escuela Granja de La Pampa “y de ahí lo enviaron de director acá (Tierras Blancas). Era una persona con una gran experiencia. Fue muy buen director. Por ejemplo, él con sus amigos hizo el cierro de la escuela durante un verano… Por el patio pasaban caballos, camiones y de todo. Era un hombre dispuesto a colaborar”.
El actual director, desde su visión de exalumno, igualmente destaca su aporte.
“Tengo el recuerdo de un buen profesor. Llevaba la responsabilidad de toda la escuela. Amable, amigo de los alumnos y son gratos recuerdos de cuando nos hacía clases”.
En una biografía que está pegada en la sala de profesores se le destaca como una persona “inteligente y emprendedora. Con tesón logró lo que quería… no cesó en su afán de superación personal”, se lee.
Hijo de padres modestos. En 1973 su trayectoria docente fue reconocida calificándosele como el mejor profesor de la entonces provincia de Coquimbo. El 11 de septiembre estaba fijada la ceremonia para la entrega del galardón en el Día del Maestro. Sin embargo, el golpe de Estado le impidió recibirlo. Regresó a la comuna y a su escuela sin el premio. Sin embargo, ese mismo año, “por cuestiones políticas fue destituido de su cargo y trasladado a la escuela de Coquimbo”. Falleció a finales de ese mismo año.
La figura de Alfaro había calado fuertemente en el profesorado y en la comunidad. Es por ello que cuando en los ’90 se dio la oportunidad de cambiarle la denominación al establecimiento, su nombre se impuso al de poetas, escritores y héroes de la historia de Chile. “Cuando hubo que votar todos lo hicimos por él”.
 

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Fuente: diarioeldia.cl